Familia, trabajo y amistad, estos son los pilares de la vida de Lorena Acosta, una mujer emprendedora que ha logrado salir adelante cuando la vida la ha puesto a prueba. No hay batalla que esta mujer no haya superado, ni obstáculo que haya podido vencer su voluntad inquebrantable. 

La familia y la búsqueda de justicia son los motores que impulsan el despertar cotidiano de Lorena, pues desea, sobre todas las cosas, mantenerse firme en su lucha contra la inequidad y disfrutar sus días al lado de quienes ama.

EL DELITO

Desde los 15 años la vida de Lorena Acosta empezó a cambiar. Siempre fue una mujer trabajadora; desde temprana edad, se desempeñó como comerciante de zapatillas en el popular sector de San Andresito, también buscó progresar económicamente trabajando en restaurantes. Sin embargo, los ires y venires de la juventud hicieron que Lorena no se rodeara adecuadamente, “conocí malas amistades”, recalca al recordar este capítulo de su vida.

En el lugar que la vio crecer, el barrio donde se encuentra la casa familiar de Lorena Acosta, se fue rodeando de malas amistades: “Empecé a vender marihuana y duré siete años en esas”, recuerda Lorena. Su pareja sentimental de la época cayó preso por drogas, lo que llevó a que terminaran su relación de diez años. Posteriormente, Lorena se involucró sentimentalmente con un joven y ahí empezó a consumir marihuana.

LA CAPTURA

Por problemas de este joven en el barrio donde vivía Lorena, ella recuerda que: “ Me tuve que  ir para el Bronx, donde estaba él. Allá, en lo que es La L”. Así, la vida de esta mujer se fue llenando de oscuridad, de saber que siempre estaba en el lugar menos indicado, en un momento inoportuno. Todo esto llevó a que su vida jamás fuera la misma.

Un día se encontraba dentro de una casa en el sector de El Bronx y hubo un operativo. Cuando llegaron los efectivos de la Seccional de Investigación Criminal (SIJIN), encontraron en el tercer piso de la vivienda dos mil papeletas de bazuco y tres bultos de marihuana. Posteriormente, bajaron al primer piso donde se encontraban varias personas reunidas, entre ellas Lorena Acosta. Allí fue detenida junto a otras dos personas que sabían de su inocencia e intentaron defenderla.

Lorena recuerda que: “El dueño de la droga que encontraron ahí sabía del operativo y le pagó a la Policía. Pero como la SIJIN encontró droga en la casa, tenían que coger a un culpable y decir que encontraron a un positivo”. Ese día se llevaron a las tres mujeres junto a las sustancias incautadas, y, al día siguiente, Lorena y Denis, otra de las mujeres capturadas, asistieron a una audiencia en la que fueron acusadas por el delito de tráfico de estupefacientes y condenadas a diez años y medio en prisión, mientras que la otra mujer, quien realmente vendía drogas en esa casa, quedó en libertad, así lo afirma Lorena. “Allá en el Bronx a las personas que trabajan con ellos los ayudan para los procesos si caen con la droga, entonces ella sí le dieron libertad y nosotras caímos inocentemente, por estar en el lugar equivocado”, sostiene.

Lorena sintió que el mundo se derrumbaba cuando se veía expuesta ante esa realidad En el ojo de las cámaras y los periodistas se sintió desilusionada, no entendía por qué estas personas exhiben la vida y la tristeza ajena. En aquel momento, sintió quebrantada y violentada su integridad. “Cuando me vi en el periódico fue lo peor. Afortunadamente yo me alcancé a ver de medio lado, porque la dragoneante me dijo: Voltee la cara para que no la graben. Si ella no dice eso, me graban de frente, me toman la foto. A mi compañera sí le salió la foto bien, quedó de frente”, recuerda Lorena.

RELACIÓN FAMILIAR LUEGO DE LA DETENCIÓN

SER MADRE EN PRISIÓN

SALUD EN RECLUSIÓN

La problemática en salud es persistente. Para obtener atención médica, las mujeres deben hacer filas de aproximadamente 500 mujeres, de las cuales solo son atendidas en promedio 20, según indican varias de las mujeres consultadas por Proyecto Eleuteria.

Las pocas que logran pasar dicho filtro reciben una atención deficiente, según indica Lorena, quien recuerda el caso de una compañera que fue víctima de un mal proceso de inyectología a manos de una enfermera que “aplica dipirona con diclofenaco para todo”.

También recuerda una experiencia personal en la que le aplicaron una inyección en su brazo y este quedó inmovilizado. Al recobrar su libertad y poder hacerse estudios particulares, descubrieron que le rompieron un tendón, ya que su músculo estaba tensionado y, al ingresar la jeringa, ocasionó una ruptura. Al interior de la cárcel el personal médico afirmaba que la dolencia de Lorena no era real y que “se estaba haciendo”, sin embargo, el personal de la guardia siempre creyó en la palabra de Lorena, pues afirmaba que “usted nunca sale al médico, usted antes friega por sus compañeras”, dando a entender que el dolor debía ser fuerte para que Lorena solicitara atención. Posteriormente, la dragoneante le hizo la siguiente petición al médico: “Revísemela, porque ella es una de las que menos molesta con el médico. A ella le pasó algo”. 

Aunque recibió un chequeo, su dolencia se curó con el paso del tiempo y con ayuda de sus compañeras, quienes le hacían terapias y diferentes tratamientos para mejorar la movilidad de su brazo. No obstante, no todas las mujeres corren con la suerte de recuperarse.

DERECHOS HUMANOS

Lorena se vio motivada por las difíciles condiciones en las que ella y sus compañeras se encontraban, pues presenció diferentes situaciones en las que el quebrantamiento a sus derechos era tal, que se sentían despojadas de su dignidad.

“Llegado el día de las visitas, la guardia a veces era abusiva con los familiares, por eso me decidí a estudiar leyes”, afirma. Con el fin de aliviar la carga para sus familiares, Lorena brindaba sus asesorías en Derecho y Derechos Humanos, a cambio de implementos de aseo. “Así trabajé para mis útiles de aseo y todo, para no tener que pedirle a mi familia, porque tantos años sin ellos y llegar a pedirles, pues no. Para mí era muy incómodo eso”.

AMOR SIN BARRERAS

Un día Lorena, cansada de estar tanto tiempo en el mismo espacio monótono y sin vida, se mentalizó en emprender un proyecto de renovación de las paredes del patio, queriendo llenarlas de color y alegría. Con ayuda de las dragoneantes logró recolectar aproximadamente tres mil pesos por cada celda y pudo conseguir el dinero suficiente para cinco canecas de pintura. Lorena jamás imaginó que, con dicho proyecto, no solo llenaría de color las paredes del patio, su vida también empezaría a llenarse de tonalidades vivas y vibrantes.

Como aquella ayuda que llega en el momento más indicado, Lorena se encontró con Nancy, una mujer fuerte y con un carácter firme, que decidió ayudarla con la tarea de pintar todo el patio, ya que tenía experiencia en labores de construcción y obras. Nancy llegó a la vida de Lorena con la intención de ayudarla en su proyecto, pero también con la certeza de querer conquistar su corazón. La perseverancia de Nancy, sus detalles y atenciones la enamoraron. Lorena nunca había imaginado su vida al lado de una mujer, pero en aquel momento entendió que el amor no depende de criterios morales, solo obedece a un sentir sincero de dos personas que se aman sin etiqueta o límite alguno. Nancy, más conocida como Nacho, debido a sus facciones fuertes y marcadas, hizo todo lo posible por superar cualquier barrera que se intentara interponer en su amor con Lorena, incluso aguantó oposición y malos tratos por parte de la guardia, pues no estaban de acuerdo con  su relación. “A ella le fue de lo peor por haberse metido conmigo, la guardia no dejaba que ella se me acercara, tanto que una vez la metieron al calabozo”, afirma Lorena, mientras recuerda todas las pruebas que ella y Nacho tuvieron que superar.

Nacho solo duró nueve meses en El Buen Pastor y Lorena misma fue quien tramitó su libertad. Al salir el amor entre ellas siguió creciendo, Nacho continúo visitando a Lorena y esperando, pacientemente, el momento en el que ella recobrara su libertad. Siete años después, Nacho y Lorena continúan juntas, con el amor intacto y la satisfacción de superar todos los obstáculos, entre ellos, los muros de una cárcel. Hoy ambas sonríen pues ven materializado ese sueño que empezaron a construir desde cero: conformar un hogar.