Juan Sebastián Campos Riaño es un hombre transgénero que estuvo privado de la libertad en la reclusión de mujeres El Buen Pastor, en Bogotá. Su historia de vida, marcada por el abandono durante su infancia y la confusión por su identidad de género en la adultez, lo llevó a refugiarse en el consumo de drogas y alcohol. El trabajo que tenía como fabricante de perfumes y masajista era la única fuente de ingresos de su familia, conformada por él y sus cuatro hijos: dos biológicos y dos adoptivos. Cuando fue detenido, a pesar de que solo era consumidor, las autoridades lo asociaron al grupo delincuencial que le vendía los estupefacientes. Ahí comenzó su lucha con la justicia.

El delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes ocupa el cuarto lugar en el Top 10 de delitos cometidos a nivel nacional; sin embargo, es la primera causa de condena y privación de la libertad de las mujeres, según cifras del INPEC ( a 28 de junio de 2021). De acuerdo con esta entidad, en la actualidad hay 2.018 mujeres privadas de la libertad condenadas por este delito. Dicha cifra incluye a la población LGBTIQ+ recluida en los establecimientos penitenciarios de mujeres, puesto que esta entidad no tiene una clasificación específica para esta población.

Tras su detención,  Sebastián se enfrentó a dos situaciones adversas: el apoyo jurídico que recibió fue precario y las autoridades lo instaron a aceptar cargos a cambio de una rebaja de pena. 

En 2016 a Juan Sebastián le hicieron un allanamiento y fue detenido por segunda vez debido a que tenía estupefacientes en su casa. Lo condenaron a 62 meses de prisión porque las autoridades seguían considerándolo miembro de la banda de microtráfico a la que le compraba la droga. En ese proceso se enfrentó a dos situaciones adversas: el apoyo jurídico que recibió fue precario y las autoridades lo instaron a aceptar cargos a cambio de una rebaja de pena. Por otro lado, su adicción estuvo en riesgo de agudizarse tras las rejas pues en el Buen Pastor hay un consumo significativo de drogas.

De acuerdo con el estudio “Caracterización de condiciones socioeconómicas de mujeres relacionadas con problemas de drogas. Las mujeres privadas de la libertad por delitos de drogas”, de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC) y el Ministerio de Justicia y del Derecho, el consumo de drogas al interior de los centros de reclusión “si bien no se da en porcentajes altos, sí es relevante”. A continuación, algunas cifras relevantes sobre este fenómeno.

Cuando Juan Sebastián fue recluido por segunda vez, tenía una depresión muy fuerte: “Yo no me sentía bien conmigo mismo. Me sentía como una vieja gorda, me sentía mal”, reconoce. Toda su vida había vivido en un cuerpo que no correspondía a su identidad y por eso se sentía muy solo. Paradójicamente, estando tras las rejas encontró su libertad.

A continuación, podrás conocer los datos actuales sobre la población LGBTIQ+ privada de la libertad y el acceso que tienen las personas transgénero a medicamentos hormonales.

Gracias a que Sebastián fue elegido representante de derechos humanos de su patio, comenzó a adquirir nuevas herramientas para autoconocerse.  Allí se dio cuenta de las múltiples irregularidades que ocurren en el tratamiento penitenciario de las personas LGBTIQ+ y, en especifico, de las personas transgénero.

Las personas con orientación sexual e identidad de género diversas privadas de la libertad deben enfrentarse a múltiples obstáculos para que se les garanticen sus derechos. Según el informe “Diversidades en prisión”, publicado en noviembre de 2020 por la Defensoría del Pueblo, tales obstáculos son resultado de los prejuicios y actos de discriminación que ocurren al interior de las cárceles. El acceso a la salud es quizá uno de los derechos que se le vulneran a esta población con mayor frecuencia.

Derechos de petición y tutelas hechas a mano por Sebastián para solicitar servicios de salud:

Los nombres que deciden usar las personas transgénero hacen parte de la construcción de su identidad. En los centros de reclusión, a pesar de que el INPEC ha expedido manuales específicos para informar a la guardia sobre los derechos de esta población, el personal de custodia y vigilancia no llama a las personas LGBTIQ+ por el nombre que les identifica. La Defensoría del Pueblo sostiene que estas acciones constituyen “un tipo de violencia basada en el prejuicio que atenta contra los derechos de esta población”.

Antes de 2015, el proceso para identificar a las personas recluidas según su identidad de género y orientación sexual se daba a través de jornadas de autorreconocimiento en los centros penitenciarios. La Resolución N.° 6349 de 2016, expedida por el INPEC, exige a los establecimientos de reclusión realizar el registro  de personas recluidas con el nombre identitario elegido por la persona privada de la libertad.

Periódicamente se realizan jornadas de autorreconocimiento a través de las cuales se actualizan los datos de las personas recluidas puesto que, como le ocurrió a Juan Sebastián, muchas personas LGBTIQ+ llegan a las cárceles sin tener claridad sobre su identidad de género y allí encuentran una guía para autoreconocerse.

Sin embargo, todavía es indispensable fortalecer estrategias de capacitación y concientización del personal administrativo y de custodia y vigilancia del INPEC con el fin de evitar nuevos actos de discriminación.

Otro problema generalizado en los centros de reclusión de mujeres es que no existen espacios adecuados para la visita íntima y persisten, a su vez, muchos prejuicios frente a la vida sexual de las personas LGBTIQ+.

 

La libertad es un concepto abstracto que puede experimentarse de múltiples formas. Aunque los muros del Buen Pastor eran una barrera física para Juan Sebastián, a veces encontraba lugares donde sentirse libre pues su corazón por fín había hallado el camino hacia su realización personal. Aunque no ha sido fácil, en la actualidad Juan Sebastián se esfuerza para transformar el cuerpo que habita, en el cual cada vez se siente más contento, y para apoyar a sus compañeros transgénero que están recluidos. Hace tiempo que superó el miedo; ahora vive en búsqueda de la felicidad.