LA DETENCIÓN

La tensión familiar habitaba cada rincón de la casa de Liliany Obando cuando llegaron por ella los efectivos de la DIJIN. Fueron a cumplir una cita no pactada, imposible de eludir, que ella y su familia esperaban hace tiempo.

MATERNIDAD EN PRISIÓN

Los centros de reclusión son un territorio hostil para las madres gestantes, lactantes o con niños menores de tres años que se encuentran en reclusión. Estos espacios no garantizan su bienestar integral ni la satisfacción de sus necesidades. A su vez, la estadía en la cárcel es un reto para las mujeres cabeza de familia, que constituyen un porcentaje significativo de las reclusas, puesto que generalmente los menores quedan a cargo de Bienestar Familiar o de familiares. Liliany vivió esta experiencia de primera mano y aquí cuenta su historia.

En Colombia hay un total de 97.117 personas privadas de la libertad intramuralmente, de las cuales 90.260 son hombres y 6.911 mujeres, según el Informe de Estadísticas realizado por el INPEC en abril de 2021. No obstante, el número de mujeres privadas de la libertad ha aumentado significativamente en las últimas décadas. De acuerdo con la Revista Pesquisa Javeriana, entre 1991 y 2018 “las mujeres privadas de su libertad aumentaron un 429%”. Al ser una población minoritaria, no se han priorizado las necesidades específicas de las mujeres al interior de los centros carcelarios.

Según el INPEC, a nivel nacional hay un total de 46 mujeres gestantes, 12 lactantes y 45 niños que viven con sus madres en reclusión.

El Buen Pastor, en Bogotá, es el establecimiento de reclusión que presenta mayor sobrepoblación femenina.  En 2019, la Personería de Bogotá aseguró que, a pesar de que dicho establecimiento cuenta con un jardín infantil administrado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), los niños viven en condiciones deficientes por el hacinamiento y la falta de espacios adecuados. La misma entidad aseguró que el Buen Pastor «solo cuenta con dos médicos generales y dos psicólogos para atender a más de 1.7000 reclusas y 23 niños menores que viven con sus madres».

ATENCIÓN EN SALUD: UN DOLOR DE CABEZA

Los servicios médicos en los establecimientos de reclusión son de atención básica y no responden a las necesidades específicas de las mujeres (ginecología y obstetricia) ni de los niños que conviven con ellas (pediatría, psicología y nutrición, entre otros). A su vez, la atención intramural es precaria e insuficiente para garantizar el tratamiento de las mujeres privadas de la libertad.

Liliany ha sufrido migrañas toda la vida y necesita un medicamento especial para tratar este problema (Neosaldina). Sin embargo, las inconsistencias en el ingreso de sus medicinas al Buen Pastor le ocasionaron varios quebrantos de salud. 

AMOR EN EL ENCIERRO

Por lo general, en los centros de reclusión no hay espacios dignos para que las mujeres reciban las visitas íntimas. Según una investigación realizada por la Delegada para la Política Criminal y Penitenciaria, en coordinación con la Defensoría del Pueblo, «Si bien la visita conyugal es un derecho conquistado por las reclusas y consagrado en la legislación penitenciaria, el 35% de las cárceles no garantiza su goce aduciendo razones de infraestructura y de higiene».

RECONSTRUIR LA VIDA

Al momento de recuperar su libertad, muchas mujeres se enfrentan a la falta de oportunidades laborales. De acuerdo con el informe Mujeres y prisión en Colombia: Desafíos para la política criminal desde un enfoque de género, del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR),  la  Universidad Javeriana, y el Centro de Investigación y Docencia Económicas de México (CIDE), al interior de los centros de reclusión los programas educativos para mujeres son escasos y las habilidades adquiridas, en su mayoría, son «consideradas tradicionalmente como femeninas y pueden tener poca relevancia en el mercado laboral». A su vez, al recuperar su libertad muchas de ellas son estigmatizadas en los entornos familiares, sociales y laborales, lo que afecta profundamente que reconstruyan su vida. Por último, en ocasiones, recuperar los lazos perdidos durante la reclusión también suele ser un reto. 

FALTA DE OPORTUNIDADES

ESTIGMATIZACIÓN

PROBLEMAS PARA RECONECTARSE